México, DF.- Si bien en México se están gestando instituciones y políticas gubernamentales para el acompañamiento de las víctimas de delito, aún hace falta mucho por hacer en esta área, manifestó la maestra María del Carmen Montenegro Núñez, de la Facultad de Psicología de la UNAM, quien señaló que el daño emocional que experimenta una víctima tiene distintas manifestaciones y es muy difícil identificarlo, por lo que casi nunca se considera relevante a nivel jurídico.
“Hablar de víctimas, en ocasiones, es referirnos a una condición humana, ya sea por cuestiones objetivas y, otras, por la percepción que cada quien tiene de la propia vida, por eso es necesario establecer una clasificación de víctimas, en este caso de víctimas del delito. El daño emocional es un concepto que los psicólogos no usamos como tal, aunque puede ser muy claro para nosotros porque trabajamos con las emociones, se trata de un término más usado en el campo jurídico bajo la caracterización de daño moral, el cual también incorpora el decoro, la dignidad y el patrimonio”, expresó la investigadora universitaria.
Indicó que los eventos naturales, los accidentes o los actos delictivos generan víctimas, las cuales siempre sufrirán un impacto emocional que puede expresarse de inmediato o muchos años después.
En el caso de un acto delictivo, precisó, cualquier tipo de agresión que afecta la cotidianeidad genera un estado de alerta y un impacto emocional cuya severidad no necesariamente dependerá de la gravedad del delito, por lo que se considera que el daño emocional que surja será determinado por variables como la vulnerabilidad de las personas por experiencias violentas previas, la edad o el grado de resiliencia, entre otros aspectos.
Por ejemplo, explicó, demostrar el menoscabo del patrimonio puede ser muy fácil y reparado con dinero.
El problema que surge en este campo es cómo se repara el daño emocional, sobre todo cuando éste no se expresa inmediatamente al delito, sino muchos años después.
















