Opinión | 24/01/2010 - 11:19 pm - Tiempo de lectura: entre 3 y 6 minutos

Escribir sobre…


Juan Carlos Jaimes / Provincia

Francamente, hoy es un día en el que no tengo preciso sobre qué tema escribir. A veces la vida se torna tan ajetreada entre tantas actividades que de repente se nos dejan venir como avalancha, ya sea por olvido de ellas, desidia para atenderlas en su momento o porque surgen de imprevistos en el día a día.

Si nuestras vidas tuvieran un poco más de orden, sin dada seríamos más felices. Pero lo cierto es que poner orden en nuestras vidas resulta un tanto complicado, de hecho yo no recuerdo que nunca nadie en una clase me haya enseñado cómo organizar la vida, ya fuera la propia o la colectiva, la privada o la pública, la estrictamente personal o la profesional.

Todo parece ser, en esto de la organización de la vida, tema de prueba y error y ver si se da en el clavo tarde o temprano.

Confundimos lo urgente con lo importante, a veces hasta con lo verdaderamente importante, y así llega un momento en que suceden cosas que nos hacen parar en seco en este transitar por la vida y darnos de topes por la miopía de que fuimos objeto y que no nos permitió ver esas cosas que en verdad eran importantes y que por insignificantes que nos parecieran en realidad se trataba de cosas trascendentales.

Y esto pasa con todos los ámbitos de nuestro transitar como ciudadanos, en el hogar con la vida en familia a veces con nuestra pareja o con la relación con nuestros hijos. Cuando no se está casado, con nuestros padres y hermanos y demás familiares. En el trabajo, en el trato con nuestros compañeros, sean iguales, superiores o subordinados, y las tareas que debemos realizar.

Es más, suele ser que incluso pasa así con nuestra propia persona, ¿cuántas veces nos preocupamos más por traer un buen corte de cabello o tener ropa adecuada para determinada ocasión y lo priorizamos como urgente en nuestras agendas electrónicas, de papel o mentales, dejando de lado atender reclamos de nuestro ser que tienen que ver con nuestro intelecto, nuestros afectos, nuestra espiritualidad y hasta nuestra salud, que sin duda es mucho mas importante que verse bien.

Vivimos preocupados por las deudas económicas que contraemos, necesarias unas, realmente innecesarias otras; agobiados por el trabajo al grado de dedicarle innecesarias horas extras; atareados por los compromisos sociales y otras mil faenas de las que nada malo resultaría si aprendiéramos a responder con un cordial “no”, en vez de siempre con un forzado o mecánico “si” a costa de lo que verdaderamente es importante.

Cerremos por un instante los ojos y recordemos cuantas veces les hemos dicho, por ejemplo, a nuestros hijos “ahora no”, “más tarde”, “luego”, “no tengo tiempo” y muchas más respuestas así por el estilo, cuando en realidad los compromisos económicos siempre van a existir, cuando después de una jornada de trabajo vendrá otra jornada de trabajo con su misma cantidad de horas, cuando si no se atiende un compromiso social por nosotros no se suspenderá y en cambio otros más habrá. Pero el tiempo, ese precioso e invaluable tiempo que sólo se nos da por el instante que dura y no vuelve más, que no se puede guardar para disfrutarlo después, debemos tomarlo en el momento justo en que a nosotros llega y si es tiempo en el que debemos atender nuestro intelecto, nuestros afectos, nuestra espiritualidad o nuestra salud, nada puede haber más importante, por urgente que nos pueda parecer.

serciudadano.deencuentro@gmail.com

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