Hoy en día el tema de la penalización o despenalización del aborto nuevamente suena con insistencia y en torno a él se generan posturas que se hacen escuchar y buscan incidir en quienes han de decidir y legislar al respecto.
Llamó mi atención leer en los diarios del sábado pasado el pronunciamiento del Ejecutivo local sobre el tema en el sentido de que la Iglesia católica tiene una “injerencia indebida” y que debe prevalecer la Constitución y los criterios técnicos y científicos así como la salud pública sobre la moral religiosa.
Más fue atraída mi atención al continuar leyendo y toparme con las declaraciones que también hizo en torno a los funcionarios michoacanos detenidos el pasado mes de mayo por la autoridad federal, refrendando el Ejecutivo local su postura en torno a lo resuelto por la CNDH y señalar que al tener ésta únicamente autoridad moral, las autoridades de no acatar las recomendaciones hechas golpean los cimientos de un órgano fundamental para el respeto de los derechos humanos en nuestro país, y que si bien se tienen que combatir los delitos esto se debe hacer con la Constitución en la mano y respetando los derechos humanos.
¡¡¡Que cosas!!! Abogar por los que tienen voz y están siendo escuchados en juicio y dejar en la absoluta indefensión a los concebidos que aun no tienen voz.
Ante esto, cabe mencionar haciendo uso de la inviolable libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia, consagrado en el artículo 7 de nuestra Carta Magna, lo siguiente:
Primero, en el sitio de Internet de la CNDH se lee que todo individuo tiene derecho a la vida y que tal es un derecho humano de primera generación, considerado una de las “libertades clásicas” y reconocido internacionalmente.
Segundo, el artículo primero de nuestra Constitución Federal señala que en nuestro país todo individuo gozará de las garantías que otorga la Constitución y en su tercer párrafo deja precisado que queda prohibida toda discriminación incluida la motivada por la edad.
Tercero, especialistas en el tema afirman con argumentación científica que de la fusión de los pronúcleos de un gameto femenino y otro masculino (óvulo y espermatozoide) se forma un embrión celular único e irrepetible que biológica y genéticamente tiene las características de la especie humana y es ni más ni menos un individuo como tú y como yo en la fase inicial de su ciclo vital.
Si los tres puntos expuestos no son un derecho universal, un precepto constitucional y un argumento científico que los legisladores deben considerar, entonces me callo y no digo al respecto nada más.
Pero, como dicen por allá en la Sierra Madre del Sur, de allá de donde son mis padres y los padres de mis padres, o semos o no semos o será que nomás nos hacemos… ambiguos.
Para concluir, ¿qué acaso no estaremos frente a otro problema derivado de una mala educación, que dista mucho de apegarse a lo que dicta nuestra Constitución?
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