Ciudad de México.

Ángel Juárez tiene 55 años de edad, 35 de los cuales los ha pasado entre las virutas de madera que desprenden las vigas que con mazos y clavos se convierten en la cruz que cargará alguno de quienes dan vida al Cristo en la representación del Viacrucis en Iztapalapa.
Con orgullo recuerda a su padre, de quien heredó no sólo el nombre sino la tradición de proveer a los muchachos que año con año cargan la pesada Cruz a lo largo del Cerro de las Cruces desde hace 42 años; así, se recordó a los 13 años, cuando uno de los amigos de su padre pidió hacer una cruz para su hijo que en ese entonces sería el Cristo.
Así pasaron tres años hasta que el joven dejó de representar al Cristo pero el Comité Organizador de la representación se acercó a la familia para solicitar que continuaran haciendo las cruces.
En un principio, recordó, éstas carecían de estándares en materia de dimensiones, además, la familia sólo donaba la mano de obra, pero desde hace 20 años se hacen cargo de todos los gastos, los cuales oscilan en siete mil pesos, las cruces, se hacen en el taller “Carpi Juárez”, en la delegación Iztapalapa.
“Ese fue el legado que dejó mi padre, que murió hace tres años, dos semanas antes de que fuera Semana Santa”, recordó Ángel con una sombra de nostalgia cubriendo su cara; fue hasta después, señaló, cuando vinieron los miembros del Comité para ver si la familia continuaría elaborando las cruces.
Así fue como tomó la batuta para continuar trabajando la madera con la que cada año se hacen las cruces que carga el Cristo de Iztapalapa; entre risas, se recuerda a los 13 años, cuando comenzó a ver cómo se hacían las primeras cruces.
Fue así como Don Ángel ha pasado los últimos 35 años mirando a su padre trabajar con mazos y otras herramientas las enormes cruces de madera; en sus últimos años, el anciano verificaba los trabajos que avalaran que la Cruz quedara en perfectas condiciones.
En cuanto a los tallados que llevan las cruces, explicó que son los jóvenes que representan al Cristo quienes los eligen; así, los hay rústicos, chuleado, golpeado, de cocol y de palma, la de este año es de tipo rústico
A su vez, detalló que la dimensión de la viga más larga es de seis metros con 10 centímetros, en tanto que la medida del travesaño es de acuerdo con la estatura del muchacho y varía entre los tres metros con 30 centímetros hasta los tres metros con 60 centímetros.
En tanto, continuó pasando sus dedos por la madera, el grosor es de nueve centímetros y el ancho de 20 centímetros, en promedio puede llegar a pesar entre 90 y 110 kilos, “en este caso tuvo suerte el muchacho porque está pesa entre 90 y 91 kilos”.
Juárez señaló que la primera semana de enero un amigo de la familia lleva la madera para hacer la cruz de un aserradero en Michoacán, él es quien hace el cáliz y lleva cuatro o cinco vigas las cuales son seleccionadas para largueros y travesaños, se dejan al sol un buen tiempo “para que revienten al sol”, expuso.
Luego, es hasta la primera semana de marzo cuando se comienza a trabajar la madera que dará forma a las cruces, se deja un poco largo de lo que es para conocer las medidas del Cristo y el tipo de labrado que elija, con base en la selección Ángel decide los tiempos en los que terminará el trabajo.
Posteriormente, se hacen los orificios en los que van las mancuernas, en tanto que el pie es colocado hasta cerca del Viernes Santo, en tanto que el 19 de marzo se entrega de manera simbólica quienes representan al Cristo.
“Estaba contento, la vio y preguntó si pesaba mucho, una de las cruces, la de hace dos años estaba más pesada, pesaba 112 kilogramos (…), , yo solo les pido que le echen ganas, que tengan fé, nada más veo cuando las sostienen y ya veo si llegan o no, los veo si van frescos o no, a veces otros ponen cara de que no, pero todos llegan gracias a Dios”.
En ese sentido, explicó que una de los actores principales es el que hace de Simón Cirineo, que de acuerdo con la religión católica es quien ayudó a Jesús a cargar la cruz hasta el Gólgota; cuando alguno de los miembros del Comité detecta que el Cristo ya no puede más envían a este personaje a ayudarlo, pueden mandarlo al inicio del recorrido o hasta el final, depende la fuerza del muchacho, abundó.
Para él es un orgullo muy grande hacer la cruz y aún cuando sus hijos no muestran interés por aprender el oficio de carpintería, si espera que continúen con la tradición de proveer la cruz.
“Es un privilegio de hacerlo, es una gracia de Dios, nunca la buscamos, llegó solita, se dio y se conserva, es un privilegio y un gusto hacerlo, sobre todo porque estamos colaborando con una tradición que es del pueblo de Iztapalapa, que es muy bonita y se hace con mucho fervor, la gente va gustosa a ver la crucifixión de Cristo”.

FuenteNotimex
Compartir