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Efecto atracción

Efecto atracción

22 de Enero 2018 | 14:31
Por Carlos Pfister Huerta-Cañedo
Oxímoron
Entrados ya en la contienda electoral, finalmente empiezan a tomar forma los argumentos y contra argumentos de cada uno de los precandidatos. Aún no entran en el cuadrilátero electoral los independientes que andan enfrascados en conseguir la meta de los casi 900 mil seguidores y los 17 estados con el 1 por ciento de la lista electoral. Además, de que los van a fiscalizar por el tema de si compraron o no los apoyos. Ya Ferriz de Con se animó a denunciar que le ofrecieron 1 millón de apoyos por 8 millones de pesos. ¿Será?, ¿cómo lo probará?
En fin, de los tres precandidatos que ya están  contendiendo por subir su popularidad, ya nos estamos dando cuenta cuál será el tono que utilizarán en estos seis meses: desacreditar al contendiente. 
¿Será porque no tienen mucho que resaltar de su persona?, o ¿será que es más fácil hablar mal del otro, que bien de uno mismo?
Particularmente, me gustaría hacer notar que en cada elección los candidatos punteros terminan generando un doble efecto el de atracción y el de repulsión. Y es normal, nadie es monedita de oro como para encantar a todos. Lo anterior, por lo menos sucedió en la elección de 1988, 2000, 2006 y 2012. 
El efecto atracción es aquel en que un candidato atrae a los ciudadanos que no pertenecen al partido a su proyecto de nación y los convence sin pre vendas ni condiciones. En este proceso electoral tenemos ya a dos candidatos que están sacando el máximo provecho a su imán de atracción. 
Por un lado, está el candidato que recibe a todo aquel que no está conforme con el sistema actual y los personajes que han dirigido al país. A través de un discurso de choque y confrontación que se ha venido suavizando en los últimos años, López Obrador, representa este imán que busca atraer tanto a ciudadanos sin partido como a los que están dejando día a día a los otros partidos de izquierda que ya no representan estos ideales.
Por otro lado, tenemos al candidato que representa la continuidad del sistema que se ha consolidado en México en los últimos 30 años con las ventajas y desventajas que esto representa. Esta continuidad implica reconocer los logros que se han alcanzado pero también identificando lo que no se ha hecho. El candidato Meade ha generado un efecto de atracción tanto de ciudadanos sin partido que no quieren que México cambie a un rumbo desconocido, así como de grupos pertenecientes al PAN que no ven en su candidato una opción preparada ni con trayectoria; y menos con una alianza con la otrora izquierda mexicana.
Curiosamente no hemos visto en el precandidato del Frente que esté generando un efecto atracción ni de otros partidos ni de ciudadanos sin partido. No quiere decir que no existan, pero su número no se hace notar o por lo menos no se muestran figuras públicas o privadas apoyando abiertamente a este precandidato como ha sido en el caso de los otros dos precandidatos. Quizás en el futuro se pueda dar, pero aún no se ve claro.
En conclusión, en esta temprana etapa de la contienda electoral tenemos dos precandidatos tratando atraer por convencimiento a los ciudadanos. Que vayan a cumplir, o que sean buenos o malos es otra cosa. Más adentrados en el proceso analizaremos el efecto repulsión, solo hay que esperar que se haga más notorio e irreversible.
Carlos Pfister es exsecretario de Desarrollo Económico y director general de Promofin.
@carlospfister
Sobre el columnista
Carlos Pfister Huerta-Cañedo
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