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El plan B

El plan B

20 de Octubre 2017 | 8:42
Por Carlos Pfister Huerta-Cañedo
Serendipia
“Estoy sorprendido y decepcionado por la resistencia al cambio de nuestros aliados de negocios en ambas partes.” Estas fueron las palabras de Robert Lighthizer, representante comercial de los Estados Unidos, en el marco del cierre de la cuarta ronda de negociaciones del TLC.
Han terminado ya cuatro rondas y lo poco que se puede concluir al momento es la gran incertidumbre en cuanto al destino de este instrumento jurídico.
Por un lado tenemos las buenas intenciones y positivismo de los gobiernos de Canadá y México en cuanto a que el proceso debe continuar y los buenos resultados que se pueden obtener. Por tal motivo no ven necesario aún el rompimiento de las mesas de negociación; y efectivamente, de nada nos serviría. Por otro lado, tenemos al principal socio subiendo de tono a las exigencias y amenazando con la salida del peor tratado que hayan firmado, según Trump. 
Las exigencias empiezan a tomar forma: subir el contenido regional de la producción automotriz a un 85%, tomando como mínimo el 50% de componente estadounidense; y por otro lado la cláusula de expiración del tratado cada 5 años. Ambas propuestas han sido declaradas como inaceptables por el gobierno de Canadá y México.
Pareciera entonces que todas las partes se están esperando al último minuto para tomar una decisión. O bien, están esperando a que sean los Estados Unidos los que pidan formalmente la salida. 
El representante comercial norteamericano Robert Lightizer, enfatizó que estas rondas y pláticas continuarán hasta el primer trimestre del 2018. Con una clara habilidad manejan los tiempos en favor de ellos. De entrada el principal país con el que quieren reducir su déficit es con México; y entienden perfectamente que en el 2018 estaremos enfrascados en la sucesión presidencial. Quizás la elección más compleja, dividida y cerrada que haya vivido nuestro país en los últimos 50 años. El principal contratiempo no es la elección como tal, sino quién será el sucesor. La preocupación hacia el interior del grupo negociador mexicano radica en la dificultad de poder refrendar la continuidad del modelo económico actual ante la amenaza de un cambio de política económica tanto en México como en Estados Unidos.
El hecho de acercarnos al 1 de julio sin un acuerdo aceptado por todas las partes y sin un beneficio claro para México restaría puntos al gobierno actual y mandaría una clara señal de inoperancia a pesar de las buenas intenciones. Esta arma juega en favor de los negociadores estadounidenses, es decir, esperar a que se acabe el tiempo y que México ceda en las propuestas. O bien irnos por el famoso plan B. 
¿Qué es el plan B? 
El presidente comentó el pasado martes que ya se está trabajando en un plan en caso de que termine el TLC. Además, esta semana en el Foro Impulsando a México, el secretario de Hacienda comentó que el plan B es: “hacer bien nuestra tarea en materia de  finanzas públicas y mantener las mejores instituciones”. Con o sin tratado esta frase sería una obligación. 
Por tal motivo y por las declaraciones hechas al momento lo que sí queda claro es que no existe un plan B. Y lo poco que se pudiera ir construyendo al vapor, difícilmente sustituiría al tratado actual. Reconocer la extinción de este tratado o bien aceptar su reestructuración parece ser que será un proceso largo de asimilación en México.
Carlos Pfister es ex secretario de Desarrollo Económico y director general de Promofin
@carlospfister
Sobre el columnista
Carlos Pfister Huerta-Cañedo
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