Entrevista a Felipe Otondo, compositor chileno | Provincia

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Entrevista a Felipe Otondo, compositor chileno

Entrevista a Felipe Otondo, compositor chileno

17 de Septiembre 2015 | 12:31
Morelia, Michoacán - Por Ignacio Torres | Provincia
Cuando se trata de música no escuchamos. Cuando se trata de comida no saboreamos. Cuando se trata de cine no observamos… el ambiente, el contexto y la propia necesidad —real o inducida—  nos han llevado a un punto en el que los sentidos no están 100 por ciento atentos. Hace falta conectarse con el entorno, hacerse consciente de él.
De lo anterior está convencido Felipe Otondo, compositor chileno que mañana se presentará a las 20:00 horas, con entrada libre, en el Auditorio del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS) con su concierto Tutuguri, en el que compartirá con el público las piezas musicales de su disco homónimo más un tema extra. 
Otondo, en entrevista para PROVINCIA, quien actualmente se desempeña como profesor en el Instituto de Acústica de la Universidad Austral de Chile, habló sobre el trabajo que presentará al público moreliano pero también acerca de la gratuidad de la experiencia musical que acaba por aturdir y sobre el panorama de la música contemporánea.
El trabajo
Publicado en 2013 por el sello británico Sargasso el disco Tutuguri incluye cuatro piezas, realizadas entre 2008 y el año de su salida a la venta, en las que se puede escuchar el estilo de Otondo que combina sonidos de propia creación, registro del paisaje sonoro y sonidos sintetizados. 
Irama, Teocalli, Cigurí y Sarnath serán las obras con las que arrancará el concierto de mañana por la noche más una extra que el compositor trabaja como parte de un nuevo proyecto. 
“Son obras electroacústicas para ser reproducidas a través de altavoces”, indicó Otondo, “y son trabajos diversos, algunos fueron originalmente para danza o para teatro y después yo los fui adaptando para crear estas obras que ya eran más musicales”.
Algunos de estos temas de Otondo tienen además relación con la creación de otros artistas, más específicamente con un par de reconocidos literatos: Antonin Artaud y Julio Cortázar.
“(Cigurí) Fue (compuesta) sobre una pieza de Antonin Artaud (poeta francés), inspirado en México. Él vino acá y vivió entre los tarahumaras, como muchos surrealistas que vinieron a México”.
Otros de los temas incluyen grabaciones realizadas por Otondo en la India, se trata del registro del paisaje sonoro, un elemento presente en su trabajo. Además, añadió, están incluidos sonidos de Gamelán (agrupación musical tradicional de Indonesia). 
“Hay una obra inspirada en México que se llama Teocalli. Es sobre un cuento de Julio Cortázar que se llama La noche boca arriba, que es una idea literaria sobre los sueños: es un tipo que sueña que es un indio moteca —le llama él— un indio que escapa de los mayas durante la guerra florida. El cuento oscila entre la realidad de un tipo que está en un hospital después de un accidente y este sueño que tiene de que es un indígena corriendo. Juega un poco con la idea de la realidad y al final no se sabe si era el indio el que soñaba o el tipo. Yo ocupé eso para construir una obra y realicé grabaciones en el Distrito Federal.
“En general trabajo con sonidos a veces sintetizados y muchos sonidos que hago yo, es un poco la idea. La última obra, que no está en el disco, que también la voy a tocar, tiene que ver con el proyecto que estoy desarrollando acá que es con ideas de nocturnos, con esta idea de explorar los sonidos de la noche. Ahí ocupo sonidos sintetizados y sonidos también de paisaje sonoro y los combino”.
—Incluye en paisaje sonoro en su trabajo, ¿realmente se escucha al entorno? Sea urbano o de la naturaleza 
Yo creo que como la música ahora está en todos lados —en todos lados hay música y la música juega un rol muy social, uno va a una tienda y la oye—, cuesta más, de alguna forma, escuchar, porque quizás es muy gratuita la experiencia musical sobre todo. Yo creo que aprender a escuchar por lo menos a mí me ha costado mucho tiempo y es una de las cosas que creo que he podido desarrollar. 
Me da la impresión de que a la gente le cuesta un poco escuchar. Yo soy profesor en una universidad y me doy cuenta de que a los chicos, al principio, les cuesta mucho, una vez que ya se relajan y se sintonizan con esta idea de escuchar el entorno sonoro lo disfrutan mucho, pero al principio les cuesta.
La gente joven está expuesta a muchísimas cosas, entonces creo que hay una cierta inmediatez y una ansiedad, yo creo, no lo sé. Tampoco creo que todo tiempo pasado fue mejor, simplemente que ahora hay mucho más ruido, más sonidos por todos lados. Depende un poco también dónde uno viva, yo creo que en las urbes uno se insensibiliza más. Yo vivo en una ciudad pequeña en Chile y me gusta mucho porque es una ciudad bastante silenciosa, Morelia es bastante ruidosa, me parece.
—¿Cree entonces que hay un factor generacional?, ¿es, digamos, una sordera generacional?
Hay una tendencia a evadirse y tener un estímulo sonoro constante. A mí también me pasa, no voy a ser un apóstol de la escucha porque a mí también me pasa lo mismo y tiendo a siempre querer estar escuchando música.
 Creo, y esto es más general, que las generaciones actuales —también lo digo por mis estudiantes— están más expuestos a información, hay una cosa más con la inmediatez, como dije anteriormente, pero creo que también a la gente de mi edad, yo tengo 43 años, también nos cuesta sentarnos y escuchar. A los músicos también, tratar de darse el tiempo. Yo creo que es un poco duro, es un proceso que no es fácil. 
Ver hacia afuera
Felipe Otondo nació en Santiago de Chile, se graduó en Ingeniería Acústica, años después se formó en percepción del sonido en Dinamarca. En ese país estudió composición de forma privada con el compositor Anders Broedsgaard y en 2008 completó un Doctorado en Composición en la Universidad de York en Inglaterra. Ese largo proceso —tanto en tiempo como en distancia de su lugar natal— visto ahora se le antoja difícil, pero necesario y enriquecedor. 
El creador señaló que dejar su entorno le permitió hacerse músico ya la formación académica que tenía, por sí sola, no le hubiera permitido llegar hasta donde está ahora de no haber emigrado. “Fue la posibilidad de ver otras cosas”.
Otondo dejó su país, recordó, a finales de la década de 1990 cuando la realidad era muy diferente. “Apenas existía el correo electrónico, apenas existían becas… creo que hoy está todo mucho más conectado y hay muchísimas más posibilidades. Yo creo que vivir en otro país, aprender otro idioma, a nivel personal es muy bueno, lo pone a uno a prueba. Culturalmente también es bueno porque uno en su país a veces vive muy anclado con pequeñas cosas de, no sé, el ambiente musical o artístico. Afuera uno es un desconocido y eso también es una ventaja, además uno no tiene familia, no tiene nada, tiene muchísimo tiempo. Yo no sé si hubiera podido dedicarle el tiempo que le dediqué a mi trabajo estando en Chile porque hubiera tenido a mis amigos, a mi novia… un montón de distracciones”.
“Yo creo que el proceso es bueno, ya después de un tiempo es un poco difícil. Yo traté de absorber lo máximo posible y tuve buenos profesores, también tuve experiencias bien frustrantes… es como todo, pero creo que es una experiencia buena porque hace que uno tenga que pensar en una forma más global y darse cuenta de que uno tiene cualidades y hay cosas que puedes mejorar”. 
Es importante, dijo, poder ver más allá de lo ya conocido y dejar esa zona en la que todo resulta cómodo y fácil. “En Latinoamérica tendemos a —en Chile decimos ‘a mirarnos mucho el ombligo’— quedarnos mucho en ese pequeño ambiente y (salir de) eso por lo menos a mí me ayudó”.
—Luego de ese proceso de apertura y asimilación de otros estímulos y realidades, ¿cree que el lugar de origen influye en el creador? Es decir, ¿cree que hay música electroacústica latinoamericana, mexicana, argentina, chilena…?
No sé si puedo contestar... sí, yo creo que al final todo lo que uno hace tiene un cierto sello. La música electroacústica nació en Europa y se desarrolló en algunos países. En Chile, curiosamente, es uno donde más se desarrolló inicialmente y después se truncó por razones políticas, por razones particulares del país. Yo creo que al final hay un lenguaje en la música electroacústica que es bastante abstracto, que a ratos me incomoda un poco porque me parece que se tiende a disociar un poco con toda referencia, digamos, social o semántica. 
Yo creo que al final es bueno mirarse, por eso yo ocupo el paisaje sonoro, la palabra hablada, cosas que me conectan. Quizás con la edad he aprendido a pensar sobre la conexión que uno tiene con un lugar, pero no creo que haya que imponerlo. Es como una cosa más política o temas más concretos de una obra, que creo que es bueno tener un concepto, una idea predeterminada, pero al final el trabajo del músico también es hacer funcionar la obra y a veces uno se queda un poco entrampado en esta cosa de que tiene que tener una conexión o un cierto significado y se olvida de que la obra tiene que funcionar por sí misma. 
Al final los trabajos, por una cosa natural, tienden a proyectar una cierta identidad. No podría contestar si es que hay una identidad chilena, argentina o mexicana. 
—¿Cómo ve el panorama actual de la música contemporánea y de la electroacústica?
La verdad es que un poco pesimista en algunos aspectos. Hay un problema con la música contemporánea, y esto en Europa también, y es que no conecta con la gente. Uno va a los conciertos y hay 10 personas o 15 personas, y la verdad es que estoy un poco cansado de hacer música para otros académicos (risas). 
¿Conoces el cuento de Andersen El traje nuevo del emperador? Es un poco eso, que nadie se atreve a decir que una obra es mala porque lo van a tildar de ignorante o de neófito. La música contemporánea —y la música electroacústica dentro de la música contemporánea es un pequeño nicho— tiene un poco eso, es como una cosa para alquimistas de repente. A veces me parece que hay una autocomplacencia de los compositores de hacer esta música para otros compositores y no crear esta conexión con el público. 
Yo estoy tratando, quizás no se va a escuchar mucho la música, de generar una conexión con el público, por eso me interesa el cine, la danza, el teatro… ver cómo uno puede tratar de conectar. Es realmente que la música es demasiado abstracta y la gente no la entiende o es quizás todo lo que rodea a la música: la sala de conciertos, el ambiente, hacerlo más accesible, la publicidad…
Cuando uno es profesor se tiene que empezar a cuestionar estas cosas porque los alumnos llegan con su background y con muchísimos estilos de música popular y otros. Antiguamente lo que hacía era decirles: ‘Esta es la verdadera música’ pero cambié mi enfoque. En términos pedagógicos me ayudó porque me permitió conectarme un poco más con los estudiantes y ver el background que ellos tienen, ya puede ser hip hop, electrónica comercial o rock y decir ‘este estilo, ¿cómo lo relacionamos con ciertos elementos de la música electroacústica o electrónica?’ y eso me dio muchos mejores resultados.
Yo trato de no pensar en música electroacústica, trato de pensar en música en general y que la obra la puede escuchar mi mamá, mi abuelita, mi novia, como tantos otros compositores. Cuando uno se sale un poquito de la burbuja, yo creo que descubre uno cosas interesantes. Es un poco riesgoso ese tránsito, pero yo creo que es muy interesante. 
—¿Qué se ha encontrado al salir de esa burbuja?
Me he encontrado un poco de miedo porque uno, cuando vive en este mundo tan académico, llega a desarrollar cierta habilidad y competencia y uno ya conoce ese ambiente que es más seguro. Me pasó ahora haciendo la música para una película, fue un proceso duro porque realmente muchas cosas que yo hago no eran interesantes en ese contexto, entonces me puso un poquito a prueba pero me hizo entender otro lenguaje, otros intereses.
La primera instancia al salir de esta burbuja, de este círculo de alquimistas, es quizás un poquito de miedo, pero yo creo que después, cuando uno empieza a entender y a conectarse, se produce una gran satisfacción porque te conectas con mucha más gente y con otros aspectos de la música fuera de un círculo más cerrado. No tengo tanta experiencia, pero la poca que tengo con el tema ha sido muy gratificante. 
Eso es lo que a mí me interesa desarrollar en el futuro, me interesa conectarme con más gente, no quiero vivir haciendo música para otros compositores o para un grupo selecto. Tampoco creo tener las habilidades para ser un músico popular o comercial, admiro mucho a esa gente, y creo que hay mucho espacio intermedio en el que uno puede trabajar. Esa es la teoría.
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