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Hartazgo social

Hartazgo social

19 de Febrero 2018 | 14:30
Por Carlos Pfister Huerta-Cañedo
Oxímoron
La bola de nieve del hartazgo social cada vez se hace más grande y después del primero de julio todo indica que seguirá creciendo. En los últimos tres procesos de elección presidencial en México hemos tenido altibajos emocionales en el sentir de la población. El más emblemático a la fecha fue en el año 2000, con el cambio de partido en el poder.
En aquel entonces muchos ciudadanos estaban eufóricos y aseguraban que se daría el inicio de una nueva época sin corrupción ni inseguridad. ¿Y qué pasó? El presidente electo se convirtió, o en realidad ya era, en más de lo mismo. A pesar de haber fungido como gobernador de Guanajuato, fue evidente su falta de habilidad política para manejar un país tan diverso y complejo como México. Las reformas y cambios prometidos en campaña nunca llegaron. Su fuerte, en teoría, era la parte empresarial. Su sexenio libró los vaivenes económicos y financieros gozando de una relativa estabilidad económica. De combate a la corrupción e inseguridad igual que los anteriores mandatarios. Al fin de su periodo la principal molestia de los que confiaron en él fue que no hizo las llamadas reformas estructurales teniendo el congreso a su favor, y el apoyo de la ciudadanía que estaba ávida de un cambio real. 
Posteriormente para el 2006 aparecía por primera vez como candidato a la presidencia AMLO que venía de ser jefe de gobierno de la CDMX prometiendo de nuevo un cambio, ahora sí verdadero. El tono de las campañas fue de confrontación y en teoría ganó la mayoría conservadora de México. Calderón gobernó con mano dura; lo que para muchos necesita México ante la impunidad que existe. A pesar de haber sufrido la crisis financiera mundial del 2008, libró el naufragio económico de México; pero su partido llegó desgastado con la ciudadanía para la elección del 2012. La mayoría de los votos en esa elección prefirieron regresar al viejo régimen del siglo XX y con ello olvidar los 12 años de gobiernos de derecha. En la calle, reuniones y pláticas era común escuchar: más vale malo por conocido que bueno por conocer. De nuevo el movimiento de AMLO queda en segundo lugar conservando alrededor de 16 millones de votos como en el 2006.
Llegamos al 2018 con un escenario complejo para el 40% de la población indecisa y que puede cambiar su voto estando en la casilla. Pero a final de cuentas será la que definirá al ganador.
En los procesos anteriores tenían el llamado voto útil: el menos peor. Para esta elección el escenario es más complejo ya que para la mayoría de los indecisos todas las opciones son igual de malas. Las frases de cambio y de lucha contra la corrupción que pretenden abanderar AMLO y Anaya no se perciben sinceras en lo absoluto; al contrario pareciera que se acentuará pero con otros personajes ávidos de llegar al poder. Pero por otro lado darle el voto al partido gobernante es aceptar o doblegarse a lo que tampoco quiere gran parte de la ciudadanía.
La distancia entre los candidatos y la población cada vez se acentúa más. Las campañas se convirtieron en concursos de popularidad pero con propuestas vacías y sin sentido. La lluvia de encuestas pagadas, inventadas o manipuladas solo confunden más a la población. Los fanáticos de cada partido se desviven por ensalzar las virtudes y cualidades de sus candidatos pero difícilmente un discurso puede cambiar a un país y la percepción de los ciudadanos hacia sus gobernantes.
Carlos Pfister es exsecretario de Desarrollo Económico y director general de Promofin.
@carlospfister
Sobre el columnista
Carlos Pfister Huerta-Cañedo
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