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29 de Junio 2018 | 16:38
Por Carlos Pfister Huerta-Cañedo
El gran negocio de las elecciones
Si hay algo en México que opere al puro estilo capitalista y de libre mercado son las elecciones. Durante décadas después de la revolución, los procesos electorales han estado apegados a la divisa de intercambio llamada dinero o favores.
Para no irnos muy lejos, recordemos hace seis años que se incautaron 25 millones de pesos en un jet privado que aterrizó en Toluca proveniente de Veracruz. Según esto era para pago de algunos eventos artísticos, pero justo a unos días de la elección presidencial se necesita ser ingenuo para creer que el destino era ese y no la compra del voto o movilización el día de la elección. De nuevo hace un par de días se incautaron 20 millones de pesos a dos personas en la Ciudad de México, su destino es obvio. En todas las elecciones federales y estatales vemos la danza del dinero operando en favor de uno o de otro candidato. En nuestro sistema post revolucionario que ha evolucionado de un partido hegemónico a varios partidos, observamos que esta práctica de libre mercado la aplican todos. Por ejemplo las famosas tarjetas que también se detectaron la semana pasada con el logotipo de la campaña del candidato frentista.
Lo curioso de este sistema es que tiene sus fallas, ya que no necesariamente el que más gasta o paga es el que gana. Recordemos que en todo negocio lo que se busca es la rentabilidad del dinero invertido; y no invertir mucho y generar pocas utilidades.
La elección del domingo no solo será histórica en cuanto a votantes, sino en dinero gastado o invertido para obtener la victoria. El hecho de competir a un puesto de elección popular con candidatos que cuenten también con los suficientes recursos económicos lleva a elevar el monto de la inversión inicial para obtener el puesto. El ganador tendrá que recuperar su dinero invertido en 3 o 6 años dependiendo del puesto. Los perdedores deberán asumir el quebranto en el emprendimiento y buscar otra actividad. O bien, esperarse 3 o 6 años a volver intentar obtener algún puesto.
Gran parte del financiamiento de la inversión inicial llega de aportaciones voluntarias de externos, pero también el candidato debe utilizar recursos propios; ya que el dinero que reciben de los partidos no es suficiente para librar una campaña electoral.
El encarecimiento de la inversión inicial ha llevado en consecuencia a muchos candidatos electos en diferentes puestos a tener que recuperar su inversión realizando negocios personales con el presupuesto público, inflando montos de obras, simulaciones de arrendamientos, compras de servicios y bienes intangibles difíciles de auditar, etc. Por eso vemos una gran cantidad de ex servidores públicos investigados por desvío de recursos y enriquecimiento ilícito. 
Para no meternos con cantidades exorbitantes pongamos un ejemplo. Aproximadamente para una diputación local le invierte el interesado alrededor de 3 millones de pesos. Este puesto durará solo 3 años. Con sueldos integrados libres de impuestos percibirá en promedio unos 90 mil pesos al mes, es decir poco más de 1 millón al año, o bien alrededor de 3 millones en 3 años. Si invirtió 3 millones para que se los regresen diferidos por sueldos y salarios en 3 años, ¿en dónde está el negocio? No hay necesidad de dar muchas explicaciones. De algún otro lugar tendrán que salir los recursos. Imagine ahora los recursos que se necesitan para ganar una gubernatura o una elección presidencial.
¿Por qué cree usted que tenemos ex funcionarios o inclusive candidatos actualmente investigados por enriquecimiento ilícito o desvío de recursos?
En conclusión, la palabra candidato se ha desprestigiado y se ha convertido en mercenario. La posibilidad de reelección en varios puestos se ha convertido en el látigo con el que la ciudadanía puede castigar a un funcionario corrupto que busca reelegirse. En tanto no se deje de ver a los cargos de elección popular como un negocio personal, difícilmente dejaremos de tener escándalos de corrupción independientemente de quién gobierne.
Carlos Pfister es ex secretario de Desarrollo Económico y director general de Promofin
@carlospfister
Sobre el columnista
Carlos Pfister Huerta-Cañedo
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